Hacemos un salto al centro de Europa y nos quedamos sobre todo en Francia, uno de los países más difíciles de clasificar. Algunas de las escuelas de cocina más importantes del mundo las encontramos aquí, por ejemplo en Lyon o París. Hay platos típicos franceses conocidos en todo el planeta, siendo esta una gastronomía caracterizada por un gran refinamiento. Uno de sus productos más destacados son los quesos, una característica que comparte con otros países adyacentes como Suiza, Bélgica, Holanda o Alemania. Un plato típico de todos estos países sería las típicas fondues de queso y también las raclettes, donde el queso desehcho se acompaña de embutidos, carne, patatas, verduras, hortalizas, setas o simplemente pan para conseguir una combinación saborsa y contundente.
Cuando hablamos de Centroeuropa también lo podemos hacer del Reino Unido, que es toda una rara si hablamos de gastronomía. Su fama no es precisamente buena, más allá del famoso fish & chips. Lo cierto es que tanto en Inglaterra como en Escocia o Irlanda tienen otros platos de los que presumir como toda clase de pasteles de carnes o de pescado, puddings, carnes guisadas y un culto bastante especial a los huevos y a legumbres como la alubia, algo que enseguida comprobarás en cualquier viaje a Londres por ejemplo.

Platos típicos de Europa del Este
La del este de Europa es una gastronomía muy versátil, con un gran aprovechamiento de verduras y cereales, y con algo más de predilección por la carne que por el pescado. En la zona sur cuenta además con influencias de la cocina griega, turca y árabe con recetas que aprovechan algunos ingredientes de carácter mediterráneo, como el yogurt, el ajo, los pepinos… un ejemplo claro es la comida búlgara.
Las sopas también son un plato muy típico que recorre transversalmente las gastronomías de esta parte de Europa, especialmente aptas para calentar los cuerpos durante los largos y fríos inviernos que caracterizan el este del viejo continente. Las hacen de todo tipo: carnes, verduras, tubérculos, pescados, legumbres… Su mejor representante es el Borsch, una sopa de origen ucraniana también muy consumida en toda Rusia, que se prepara con remolacha patata, tomates, col y carne y que cuenta con una versión de invierno (caliente) y otra de verano (fría y preparada de forma diferente).
Los guisos y estofados no faltan tampoco: su mejor y más conocido representante es el Gülash de Hungría (también presente en las cocinas de Rumania, Polonia, Eslovaquia y Republica Checa), un guiso hecho de carnes de ternera, cebolla, pimiento y paprika acompañado de spaetzle, unos pequeños y sabrosos ñoquis.
En cuanto a carnes son consumidas en todas sus versiones, desde las más típicas carnes de cerdo y pollo, hasta las menos comunes carnes de ciervo, reno y oso. Mención especial merece en este apartado el filete Stroganoff, otra delicia de la cocina rusa, con carne de ternera fileteada cocinada con champiñones. También muy típico es el jamón ahumado de Praga, una antigua receta de la capital checa que aún conserva su fama en todo el mundo.

Platos típicos de Europa del Norte
Subir hacia el norte de Europa es ir hacia la caza, carnes mucho más sabrosas y dietas más calóricas por los fríos que acaban soportando. No te olvides del alce en Noruega o la carne de reno en Dinamarca: son elementos básicos de sus gastronómicas y no debes dejar de probarlos si buscas de verdad entender la cultura de unos pueblos que cada vez añaden más ingredientes a sus cocinas. Sin hablar de la carne de oso o la de alce típicas de la comida de Finlandia: dos tipos de carne muy poco comunes, de sabor fuerte, y que todo buen finlandés consume muy a menudo.
En estas tierras es muy consolidado el consumo de pescado ya que el mar del norte ofrece muchísima pesca y muy variada. Como en Europa del este aquí también se consume mucho salmón, arenque y todo tipo de pescado azul.
En cuanto a verduras la variedad, como se entiende, es más bien pobre: la climatología hace difícil los cultivos que van más allá de la patata, la remolacha y la col que, de hecho, son los principales componentes que aportan vitaminas a las dietas de los europeos del norte. Los frutos más sabrosos que se pueden encontrar en Europa del norte son los frutos rojos: arándanos y las frambuesas aquí están deliciosos y muy abundantes.



